Canterbury-2009
Escrito por Administrador Plataforma, viernes 12 de junio de 2009 , 00:38 hs , en ESO

Departamento de Inglés- Viaje de Estudios a Canterbury-2009

 

Como habíamos programado este año, en Febrero, un grupo de 26 alumnos de 4º de ESO y 1º de Bachillerato , acompañados por tres profesoras del departamento de Inglés :Carmen Rodríguez, Amelia Velasco y Carmen Lucas pasamos 6 días en la hermosa ciudad de Canterbury, Inglaterra.

 

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En Canterbury hay varios edificios declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El más hermoso de estos es su famosa Catedral,  lugar de peregrinaciones  durante la edad Media para visitar la tumba donde estaba enterrado Sto. Thomas Becket .

 

Salimos desde el aeropuerto de Valladolid el 22 de Febrero y volvimos el 27.

Nos alojamos en  habitaciones compartidas con familias, que resultaron bastante amables.  Los alumnos asistieron a clases en St Peter´s School of. English.   Los grupos eran reducidos y las clases muy dinámicas. En el colegio conocieron a más chicos de otras nacionalidades, lo cual resultó muy interesante. Por la tarde- noche el colegio organizó un par de fiestas “with music, drinks and snacks”.

 

Por las tardes visitamos la hermosa Catedral, asistimos a una representación de los Cuentos de Canterbury de Chaucer  y  un guía de St. Peter´s nos acompañó en una visita por la ciudad.

 

Otro día hicimos una excursión a Londres donde vimos Buckingham y El Parlamento , paseamos por la orilla del Támesis, y por Oxford Street  , visitamos  el British Museum y por último volvimos en metro a Enbankment , donde nos recogieron los minibuses  que nos llevaron de vuelta a Canterbury.

 

La experiencia ha sido muy positiva y lo hemos pasado muy bien, además de practicar  bastante inglés en clase, en la calle y con las familias. Tanto los alumnos como las profesoras nos hemos divertido y hemos aprendido, por lo que esperamos repetir el año que viene. ¡  Ah, y tuvimos un  tiempo bastante aceptable!

 



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Comentarios
  • extintores el lunes 11 de julio de 2022, 07:15 hs

     

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  • Karis P. el sábado 16 de agosto de 2025, 00:22 hs

    ¿Qué tipos de tuberías protegen los collarines intumescentes?

    La clave de la protección pasiva contra incendios en pasos de tuberías

    En el ámbito de la seguridad contra incendios, existen soluciones que, aunque discretas, resultan absolutamente decisivas para contener un siniestro. Entre ellas, el collarín intumescente ocupa un lugar privilegiado. Este elemento, concebido para sellar huecos y evitar la propagación del fuego a través de tuberías, es una pieza indispensable en el diseño y ejecución de cualquier infraestructura que cumpla con las exigencias normativas y de seguridad.

    Su función es sencilla pero vital: cuando una tubería plástica combustible se expone a temperaturas extremas, el collarín se expande, bloqueando el paso del fuego, el humo y los gases. Sin embargo, no todos los sistemas de tuberías requieren la misma protección, y conocer qué tipos de conductos deben contar con este escudo es esencial para garantizar la integridad de un edificio.

    Collarín intumescente: cómo funciona y por qué es insustituible

    El collarin intumescente es un dispositivo de protección pasiva que se instala alrededor de tuberías combustibles en pasos a través de paredes, suelos o techos. Está fabricado con materiales que, al alcanzar temperaturas de entre 150 °C y 200 °C, incrementan su volumen de forma exponencial. Este fenómeno sella el hueco que deja la tubería al fundirse, bloqueando cualquier ruta de propagación del incendio.

    Su uso está contemplado y exigido en el Código Técnico de la Edificación (CTE) y en diversas normativas europeas, convirtiéndolo en un componente obligatorio en proyectos de construcción y rehabilitación. Esta exigencia no es burocrática: responde a una necesidad técnica comprobada para ganar tiempo crucial en la evacuación y en las labores de extinción.

    La colocación de un collarín no es un mero trámite; su correcta elección y ubicación pueden marcar la diferencia entre un fuego contenido y una propagación incontrolable.

    Tuberías plásticas: el escenario prioritario para los collarines intumescentes

    Las tuberías plásticas combustibles representan el principal campo de actuación del collarín intumescente. Materiales como PVC, polietileno o polipropileno, al entrar en contacto con el fuego, se derriten y desaparecen, dejando libre un hueco que actúa como autopista para las llamas y el humo.

    Los tipos de tuberías plásticas más frecuentes que requieren esta protección incluyen:

    • PVC (Policloruro de vinilo)

    • PE (Polietileno)

    • PP (Polipropileno)

    • ABS (Acrilonitrilo Butadieno Estireno)

    • PB (Polibutileno)

    • PPR (Polipropileno Random)

    • Multicapa (PE-AL-PE o PEX-AL-PEX)

    En estos casos, el collarín se comporta como un escudo activo, reaccionando al calor y sellando de forma hermética el hueco. Esta respuesta inmediata es fruto de un diseño ingenieril especializado, enfocado en bloquear la propagación en los primeros instantes del incendio, cuando las decisiones técnicas determinan el desenlace.

    Manguitos intumescentes: una alternativa en espacios reducidos

    Además de los collarines intumescentes tradicionales, existen manguitos intumescentes, diseñados para actuar en lugares donde el espacio o la configuración de la instalación impiden colocar un collarín convencional. Estos manguitos se instalan directamente sobre la tubería y, al igual que el collarín, expanden su material reactivo ante el calor para obturar el hueco.

    Los manguitos son especialmente útiles en pasos técnicos estrechos, falsos techos o instalaciones ya existentes en las que no es viable desmontar tramos para la colocación de un collarín. Su versatilidad y eficacia los convierten en un complemento esencial para garantizar la continuidad de la protección pasiva en cualquier proyecto.

    Tuberías metálicas: protección en juntas y huecos residuales

    Si bien las tuberías metálicas como el acero o el cobre no se funden ni desaparecen en un incendio, esto no significa que estén exentas de riesgo. Los huecos entre el tubo y el elemento constructivo que atraviesa —ya sea un muro, un forjado o un techo— pueden convertirse en un canal por el que el fuego y el humo se propaguen.

    En estos casos, el collarín intumescente no actúa por colapso del tubo, sino como barrera de estanqueidad, rellenando el espacio libre y evitando fugas de gases y calor. Aunque su uso en este contexto pueda parecer secundario, su aporte a la integridad de la sectorización contra incendios es crucial.

    Errores frecuentes en la instalación y cómo evitarlos

    Para que un collarín o un manguito intumescente cumpla su función, su instalación debe ser precisa y conforme a la normativa. Entre los errores más comunes se encuentran:

    • Uso de modelos no homologados, que no garantizan la expansión y resistencia requeridas.

    • Colocación en diámetros incorrectos, lo que impide el sellado completo del hueco.

    • Instalación en posiciones inadecuadas, dejando expuestos puntos vulnerables.

    • Falta de fijación mecánica correcta, reduciendo su estabilidad durante el incendio.

    La única manera de evitar estas deficiencias es confiar en técnicos cualificados y empresas especializadas en protección pasiva contra incendios, que no solo conocen la teoría, sino que aplican criterios prácticos para maximizar la seguridad.

    Normativa y obligatoriedad de los sistemas intumescentes

    En España, la instalación de collarines intumescentes está regulada principalmente por el Código Técnico de la Edificación y por normas UNE específicas que establecen las condiciones de resistencia al fuego y procedimientos de ensayo. Estas exigencias buscan garantizar que, en caso de incendio, los pasos de instalaciones no comprometan la sectorización ni permitan la propagación.

    El cumplimiento de estas disposiciones no es solo una cuestión de seguridad, sino también de responsabilidad legal. Un fallo en la instalación o la ausencia de estos elementos puede derivar en sanciones, paralización de obras o responsabilidades penales en caso de siniestro.

    La protección pasiva como inversión estratégica

    Implementar correctamente collarines intumescentes, manguitos intumescentes y demás soluciones de sellado no es un gasto, sino una inversión. Cada uno de estos elementos trabaja en silencio, esperando un escenario que ojalá nunca ocurra, pero para el cual deben estar listos sin margen de error.

    La protección pasiva contra incendios es una estrategia silenciosa pero decisiva: no necesita energía, no depende de la acción humana y actúa desde el primer segundo del fuego. Su presencia en un edificio es una señal de que se ha pensado en la seguridad de forma integral, desde la arquitectura hasta el mantenimiento.

    Los collarines intumescentes protegen las tuberías plásticas combustibles

    Los collarines intumescentes protegen principalmente las tuberías plásticas combustibles, aunque también cumplen un papel importante en sellar huecos alrededor de tuberías metálicas. Los manguitos intumescentes complementan esta protección en espacios donde el collarín no es viable, asegurando que cada paso de instalación esté blindado frente a un incendio.

    Seleccionar, dimensionar e instalar correctamente estos elementos es una decisión que salva vidas, protege bienes y garantiza el cumplimiento legal. En un incendio, la diferencia entre un susto y una tragedia puede depender de un detalle tan discreto como un anillo de material expansivo alrededor de una tubería.



  • Abigail Lopez el sábado 13 de diciembre de 2025, 00:18 hs

    ¿Es mejor comprar una mesa de acero inoxidable montada o desmontada para un bar?

    Cuando abordamos la apertura, reforma o modernización de un bar, cada decisión tiene un impacto directo en la eficiencia operativa, la durabilidad del espacio de trabajo y, por supuesto, en la inversión inicial. El mobiliario de cocina profesional no es un elemento decorativo: es una herramienta de producción que debe responder a ritmos intensivos, normativas sanitarias estrictas y necesidades reales del día a día. Elegir bien desde el principio marca la diferencia entre una cocina rentable y una fuente constante de problemas.

    En este contexto surge una de las preguntas más habituales en hostelería profesional: ¿conviene optar por mesas de acero inoxidable montadas o desmontadas? Analizar esta decisión desde un enfoque técnico, económico y funcional permite tomar una postura clara, basada en datos objetivos y no en percepciones erróneas.

    El enfoque profesional que reduce costes

    Cuando analizamos la decisión de comprar mesas acero inoxidable para un bar, es imprescindible separar la idea de comodidad inicial de la rentabilidad real. Las mesas montadas suelen presentarse como una solución “lista para usar”, pero esta aparente ventaja esconde un sobrecoste considerable que no se traduce en mejoras funcionales ni estructurales.

    El incremento de precio no responde a una mayor calidad del material, ya que tanto las mesas montadas como las desmontadas utilizan acero inoxidable AISI 304, apto para contacto alimentario, resistente a la corrosión y conforme a normativa sanitaria. La diferencia económica procede exclusivamente de factores logísticos: transporte voluminoso, manipulación especializada, mayor espacio de almacenaje y un riesgo superior de daños durante el traslado.

    Desde una perspectiva profesional, eliminar estos costes innecesarios es una decisión inteligente. Las mesas desmontadas permiten optimizar el presupuesto sin renunciar a prestaciones, resistencia ni vida útil.

    Eficiencia logística y montaje racional

    En Mi Mobiliario hosteleria, la eficiencia no se mide solo en el uso diario, sino también en la facilidad de implantación. Las mesas desmontadas destacan por su capacidad de adaptación a locales con accesos reducidos, escaleras estrechas o ascensores pequeños, una realidad frecuente en bares urbanos.

    El sistema de ensamblaje profesional atornillado está diseñado para ofrecer una estructura sólida una vez montada. En apenas 15 o 20 minutos, utilizando herramientas básicas, la mesa queda perfectamente estable y lista para trabajar. Este enfoque no solo reduce tiempos de instalación, sino que evita complicaciones logísticas que encarecen innecesariamente el proyecto.

    Además, la posibilidad de desmontar la mesa en futuras reformas o traslados aporta una flexibilidad estratégica que las mesas soldadas no ofrecen, convirtiéndose en una ventaja clave para negocios en evolución constante.

    Equipamiento de hostelería pensado para el trabajo real

    El equipamiento de hostelería debe responder a exigencias muy concretas: resistencia, higiene, estabilidad y facilidad de mantenimiento. Las mesas de acero inoxidable desmontadas actuales cumplen con todos estos requisitos sin compromisos.

    Incorporan patas regulables para una nivelación precisa, refuerzos inferiores que garantizan la rigidez estructural y superficies diseñadas para soportar trabajos intensivos como corte continuo, amasado profesional o apoyo de maquinaria ligera. Su diseño responde a normativas HACCP y está preparado para entornos de alta humedad y limpieza frecuente con productos químicos.

    Lejos de ser una solución inferior, la mesa desmontada es hoy el estándar en cocinas profesionales modernas, precisamente por su equilibrio entre prestaciones y coste.

    Resistencia y estabilidad: desmontado no significa frágil

    Uno de los mitos más extendidos es pensar que una mesa desmontada es menos resistente. La realidad técnica demuestra lo contrario. Las mesas profesionales desmontadas están certificadas para soportar cargas distribuidas de entre 400 y 600 kg, cifras idénticas a las de modelos soldados.

    Una vez ensamblada, la estructura funciona como un bloque compacto gracias a los refuerzos transversales y al sistema de tornillería de alta resistencia. En condiciones normales de uso, no existe diferencia perceptible en estabilidad, vibración o capacidad de carga frente a una mesa montada.

    Comparativa de precios: números que hablan por sí solos

    La diferencia económica es uno de los argumentos más contundentes. En medidas estándar utilizadas en bares, como una mesa central de 1500 x 700 mm, la comparación es clara:

    • Mesa soldada: 420 € – 550 €

    • Mesa desmontada profesional: 280 € – 320 €

    El ahorro medio por unidad se sitúa entre 120 € y 180 €, una cantidad significativa cuando se equipa una cocina completa. En un bar medio, donde se instalan varias mesas de trabajo, el ahorro total puede superar fácilmente los 400 €, fondos que pueden destinarse a maquinaria, menaje o mejoras funcionales del local.

    Mantenimiento y vida útil: ventaja a largo plazo

    Otro aspecto clave es el mantenimiento. En una mesa desmontada, cualquier componente puede sustituirse de forma independiente: patas, tornillería o refuerzos. Esto evita reemplazar toda la estructura ante un desgaste localizado, reduciendo costes a largo plazo.

    En términos de durabilidad, no existe diferencia real. Una mesa desmontada bien mantenida ofrece una vida útil superior a 15 o 20 años en entornos de uso intensivo, igualando completamente a las mesas soldadas.

    Cuándo tendría sentido una mesa montada

    Existen casos muy concretos donde una mesa soldada puede considerarse: proyectos totalmente personalizados integrados en obra o espacios donde el montaje in situ sea absolutamente inviable. Sin embargo, estos escenarios son excepcionales y no representan la realidad de la mayoría de bares.

    Para un establecimiento estándar, la elección racional sigue siendo la mesa desmontada por su equilibrio entre coste, funcionalidad y adaptabilidad.

    La decisión que optimiza su bar

    En hostelería profesional, las decisiones acertadas son las que aportan valor real. La mesa de acero inoxidable desmontada ofrece la misma calidad, resistencia y durabilidad, eliminando sobrecostes innecesarios y aportando flexibilidad futura. Por ello, se ha convertido en la opción preferida en nuevas cocinas profesionales.

    Invertir con criterio no significa pagar más, sino elegir mejor.



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